Los cinco sentidos. Escrito por Eliza K.

11 | 04 | 2022
Los cinco sentidos. Escrito por Eliza K.

En aquella situación olvidaba toda mi vida, mi marido, mis hijos, mis problemas, era como una terapia, pero mucho más económica que eso. Solo debía liberar mis cinco sentidos en esa lujosa habitación. Comenzaba con una respiración profunda y dos o tres posturas de yoga para calentar mi cuerpo. Hoy había elegido una lencería roja que en mi piel pálida resaltaba como unas brillantes y jugosas cerezas en un gran tazón blanco.

Puse algunas velas para armonizar el ambiente, siempre era muy romántica para este trabajo, quería conservar la imagen de aquella amante sexy, pero enamorada, y aunque todo era ficticio quería mantener aquel ambiente en torno a esa situación.

Siempre me repetía una y otra vez que no debía enamorarme del cliente, sin embargo, jamás lo podría hacer, estaba enamorada de mi marido como la primera vez que lo vi en aquella cafetería de la universidad, con esa mirada desafiante.

La vida de casada era agotadora, habían muchas responsabilidad que me mantenían alerta todo el tiempo, pero jamás había tiempo para mí, aun así, no tenía algún remordimiento por esto, solo hacia lo que mi cuerpo me pedía y aunque eventualmente habría consecuencias, podría soportar todo eso, solo por disfrutar un poco más de esta aventura.

Pedí una botella de champagne con algunos aperitivos, esparcí algunos pétalos por la habitación y encima de la acolchada cama, y me senté a esperar al cliente, que esta vez había tardado un poco más de lo habitual.

Pronto sonó la apertura de la puerta de la habitación, pude sentir el aroma de su perfume, había fumado tabaco, y aunque era un leve aroma a tabaco, podía sentirlo en mi nariz.

Crucé mis piernas y me acomodé en una pose provocativa, lo miré con una leve sonrisa pícara. El dejó su abrigo largo negro en una silla al lado de un mueble.

-¿Cómo has estado Sharon?

    Su voz gruesa elevaba mi temperatura, era como si pudiera llegar al clímax solo por su gruesa voz. Quería comenzar de inmediato, pero debía calmar mis ansias de probar su cuerpo.

    -Extrañándote como siempre- mi voz fue delicada y profunda.

      Me levanté con elegancia y caminé hacia la mesita de noche con la champagne, mientras abría la botella, sentí como unos gruesos y cálidos brazos me abrazaron, sus manos se posaron en la botella ayudándome en la acción. Apreciaba como olía mi cabello y su respiración suave acaloraba mi cuello, pronto brincó la tapa del champagne, derramando un poco de líquido en la suave alfombra. Me soltó para servir el trago en las transparentes y delicadas copas. Él se había sentado en un sofá individual que se encontraba al lado de la cama, camine con suaves e hipnotizantes movimientos y le pase una de las copas.

      Tomó unos sorbos del líquido y me miro con esa mirada desafiante pero dulce, obtuve una pequeña sonrisa de su rostro cuando me senté en la cama.

      La atracción que teníamos era evidente, las palabras sobraban en aquel momento, solo con los movimientos y las miradas podíamos saber lo que deseaba el otro, de todos modos, eran 30 años de encuentros en esa misma habitación. Años a par de casamiento con mi marido, y como dije anteriormente no importaban las consecuencias, solo quería probar de lo prohibido al menos una vez en el mes.

      Se levantó dejando la copa en el velador, sentí como mi corazón se agitaba sin siquiera a verlo tocado. Tomo mi brazo y me levantó con fuerzas, pero sin ser agresivo en su movimiento, tomo mi cintura aplastándola contra su cuerpo, con su otra mano acaricio mi rostro y cabello con delicadeza. Acercó sus labios a los míos y pude sentir como su lengua jugaba con la mía de modo que enloquecía todos mis sentidos.

      Desabroché la suave y elegante camisa que le había regalado para su cumpleaños, me gustaba que vistiera de esa forma, por eso le regalé la misma camisa a mi marido.

      Pronto se sacó el pantalón de vestir, dejando ver aquel bulto en su entrepierna a través de unos bóxer negros.

      Su cuerpo era de ensueños, abdominales marcados, brazos grandes y manos fuertes, su cabello negro estaba alborotado, sus ojos negros que inspiraban respeto y generaban en mí una inevitable sumisión ante él.

      Me lanzó a la cama y me beso nuevamente, pero esta vez bajo por mi pecho, y abdomen, hasta llegar a mi entre pierna, sus manos pesadas apretaban mis muslos, por lo que pronto desapareció en mi asunto, su lengua era tan suave que podía explotar en cualquier momento. Luego de unos minutos fue mi turno de saborear aquel bulto, lo liberé como si estuviera sedienta de él.

      Habíamos escalado de apoco en esa atmosfera que cada vez se volvía más acalorado que antes, y sin darme cuenta había quedado desnuda, la lencería yacía en el piso, había costado mucho dinero, pero ya no valía nada en comparación con el costo de lo que estaba haciendo.

      Pude ver el rostro vulnerable de aquel hombre que miraba hipnotizando por mi cuerpo, coloque mis manos en su pecho firme, y sin más hice movimientos lentos con mis caderas, había tomado clases de twerk hace unos meses atrás, mi marido lo había sugerido para que me sintiera más empoderada y sexy con mi cuerpo. Y había funcionado, ese momento era inigualable, cada movimiento provocaba que el respiro de mi amante fuera más constante, por lo que sin previo aviso se volvió salvaje y me coloco boca arriba, su cuerpo casi tapaba todo mi cuerpo, era tan grande que apenas podía arañar su espalda. Sus movimientos eran cada vez más fuertes, sentía como aquella presión en mi asunto alborotaba mis pezones, el los lamió al notar aquella reacción, luego me sentó encima de él, mis pechos rebotaban y rozaban su sudoroso pecho.

      Me besó, pero esta vez no fue con lujuria, si no que fue con amor, sentí esa diferencia en mi piel, lo sentí en mi boca, lo sentí en todo mi cuerpo y mente. ¿Por qué sentía que lo amaba? Esto se había vuelto muy peligroso.

      Se levantó conmigo en brazos sin dejar que nos separáramos en ningún momento y se sentó en aquel sofá, mis caderas se sincronizaron con las de él, por lo que mientras besaba mi cuello y yo enterraba mis uñas decoradas en su piel, llegamos juntos en aquella explosión de sensaciones inexplicable.

      Le sonreí y el besó mi cabeza dulcemente. Me separé de él de inmediato, no podía mezclar mis sentimientos con mi amante.

      Fui a buscar una bata al baño y me senté en la cama, aquel hombre se había colocado el largo abrigo negro, sacó de su bolsillo una chequera, escribió con rapidez en él y la dejó en el velador al lado de la copa vacía, volvió a besar mi cabeza con dulzura y sin más desapareció de la habitación.

      Había quedado en un estado de inconciencia, debía olvidar esos sentimientos, una ducha caliente lo arreglaría. Me vestí con el vestido rojo que me había regalado mi esposo por nuestro aniversario, la lencería la arroje al bote de la basura, bebi una copa más y suspire, tomé el cheque, esta vez había agregado más ceros, me sentía un poco culpable. De pronto mi celular sonó de sorpresa, era mi esposo, había olvidado nuestra cena.

      -Alo- intente ocultar mi nerviosismo.

      -¿Cómo te fue en la reunión de trabajo? - su voz gruesa retumbaba en mis oídos

      -Bien, saldré en unos minutos y te veré en el restaurant.

      -No te preocupes, estoy fuera del hotel.

        Mis manos sudaban, rezaba porque mi esposo no supiera nada de lo que había pasado.

        Me subí a su auto y lo besé, sentí de inmediato el aroma a puro, un olor muy familiar, lo miré y él me sonrió con ternura.

        -Deberías dejar el tabaco amor- me abroche el cinturón.

        -Pensé que se ocultaría el olor con el perfume- olió su largo abrigo negro.

        -Usas la camisa que te regalé- le sonreí.

        -Si, me gusta como se ve en mí, ¿no lo crees?

          Acaricié su cabello negro alborotado y besé su mejilla.

          -Feliz aniversario mi amor- me acomodé en el asiento.

          -Feliz aniversario cariño-me miró con aquella mirada desafiante pero dulce.