Una noche. Escrito por Natalia.

11 | 04 | 2022
Una noche. Escrito por Natalia.

Para Daniela, Alberto era su hombre ideal, alto, robusto, cabello oscuro, cejas marcadas, labios gruesos, ojos muy expresivos…AHH, un sueño.

Daniela salía del gimnasio, tarde como siempre, Alberto la siguió, le preguntó inocentemente.

- ¡Te llevo a tu casa, es un poco tarde, no crees?

- ¡Ok! - le contestó, pensando que era mejor idea que él la llevara, a tomar un taxi.

Ya cerca de la casa de ella le pregunta sin vacilar.

- ¡Vamos a mi departamento, tomamos algo para el frío y conversamos? 

Daniela se quedó sin aliento, lo miró por unos segundos, miro al parabrisas - ¡Es mi oportunidad de estar con este bombóm, pero tiene polola!!!- Pensó para sí misma.

- ¡Tranquila, nada de alcohol! – la tranquiliza.
- ¡Me encantaría ir contigo, pero me incomoda el tema de que tienes polola, no es que me esté pasando películas contigo, pero me pongo en su lugar! – contestó Daniela, “Sororidad ante todo” pensó, pero también estaba a punto de decir “Sí, a todo”
- ¡Las cosas no están funcionando como pensaba, y me gustaría hablarlo con alguien!- se apresura en decirle.
Daniela recordó una antigua charla entre ellos, donde él le contaba que estuvo casado hace un par de años, se separó y desde ahí en adelante sus “relaciones” no duraban más de seis meses.
-Ok, peeeero con una condición,…que me lleves de vuelta a mi casa!
Él se ríe - Ok, aunque sea tarde?- ¡A la hora que sea!- le responde Daniela.
Giró en dirección contraria en el auto.
Entraron al departamento, se veía muy ordenado y sobrio.
Daniela se sentía un poco apretada, traía puestas unas calzas, que marcaban todas sus curvas, zapatillas y sostén deportivo, sudadera ancha, y sudor en el cuerpo, se sentía con mal olor - “No es el momento”, se frustró,- ¿pero cuándo se podrá repetir esta oportunidad??? De estar aquí, ¡con él!- Se cuestionaba.
-¡Té o café?- le preguntó – Elijo café!- Le responde.
Se sientan en el sillón, Alberto pone música, nada sugerente. Daniela sigue con la mirada a Alberto mientras se acomoda, él también la mira y le sonríe.
-¡Quería un poco de compañía, casi ni paso en este departamento, siempre está solo!
Le pregunta como van las cosas con el nuevo trabajo, ya que hacía poco tiempo ella se había cambiado, si pudo negociar bien las condiciones de su contrato. Pasado un rato ella le pregunta que pasaba con su polola, él esquiva la mirada.
- Cuando empezamos, nos llevábamos súper bien, salíamos mucho, casi todos los fines de semana viajábamos fuera de Santiago, pero después de un tiempo, me empecé a dar cuenta que otra vez soy yo el que habla, propone, decide TODO, hasta lo que hacemos durante el sexo, no propone nada, a todo me dice que sí con una sonrisa en la cara.
Daniela inhaló, ella haría exactamente lo mismo, con tal de estar con ese bombóm, y que no se le escape, le diría “Sí, a todo”
- Quizás está muy enamorada de tí, y no se atreve a contrariarte, es un argumento infantil, pero hay mujeres que son así - trató de consolarlo Daniela
- No creo que sea eso, fuera de eso ella se desenvuelve muy bien, en el trabajo, cuando salimos. Cuando me refiero que no habla es cuando hablamos de nosotros, o del futuro, cosas de parejas, tú debes saber.
Si claro, pensaba Daniela, “la experta en relaciones”, desde hace dos años soltera, entre medio con intentos de “relación”, que no duran más de tres semanas.
Empezó a sentirse incómoda, un hombre que va a su departamento con una “amiga”, “que quiere hablar, porque con su pareja no lo puede hacer”, es una excusa y siempre está la tonta que cae, “YO, que me derrito cada vez que lo tengo cerca y que finge lo contrario” se cuestionaba.
- Quizás debieras dejar esa relación, por mucho que te guste ella, si las cosas no funcionan, mejor dejarlas. Cuando veo que algo no funciona lo dejo y lo bloqueo de todas las redes sociales posibles – se ríe.
- Es que tú eres especial – se ríe - Y sí me gusta, aún, pero no sé si tanto…me gustaría probar con otras personas – le responde Alberto.
Esta última frase “me gustaría probar con otras personas” diciéndolo fijamente a los ojos de Daniela, ella no supo que contestar y se hizo la desentendida.
-No crees que debes dejar pasar un tiempo, y ver qué es lo que realmente quieres, lo que necesitas, y no andar de relación en relación? - le cuestionó Daniela
Alberto la miró fijamente, fue a la cocina y ella lo siguió - ¡Otro café? – Ok! -.
- ¡Sabes? ¡Sé lo que quiero, pero no sé dónde encontrarla, pensé que ella ERA esa mujer, pero en relaciones de pareja, es una adolescente! - Le dice Alberto mientras le sirve la segunda taza.
-¡No es la única, muchos “somos” así, recuerda que todos tenemos una maleta de experiencias en relaciones, que nos hace comportarnos así, es una tontera, sabemos que no debemos hacerlo, pero igual lo hacemos!-
-Puede ser, pero estoy aburrido, aburrido estar con una pendeja, que no sabe que es lo quiere, que se queda callada, hasta en la cama ya me está aburriendo, nunca me dice que le gusta que le haga, que posición le gusta más, o si la estoy aplastando, peso casi 100 kilos y ella 50!!
Daniela no supo que responder, en su última “relación” hacía lo mismo. De un momento a otro recordó que tenía el cabello sucio, despeinado y estaba sudada, después de un largo entrenamiento en el gimnasio…lo más anti sexy, y ella pensando que podría pasar “algo”.
Volvieron al sillón y para cambiar el tema ella le preguntó sobre su trabajo, él le respondía escuetamente, …Alberto se acercó a Daniela, tomó un mechón de su cabello, mientras la miraba fijamente, acarició su mejilla, sus labios, ella también lo miraba, sabía lo que venía, Alberto se acercó lentamente. Daniela quería sentir sus labios, si eran suaves o no, si besaba bien o no, si era apurado o no, o si sus besos eran tiernos. Él rozó sus labios como probando, ella se quedó quieta, luego él tomó su mejilla y la besó, la abrazó y presionó contra su cuerpo, Daniela respondió a sus besos, de forma pasiva, se besamos un largo rato, hasta que una parte de ella reaccionó y lo apartó.
- ¡Esto no está bien, quiero que me lleves a mi casa, tú tienes polola y yo no debería estar acá…seré sincera contigo, me gustas, pero no en estas circunstancias! -
- ¡No quiero pienses que hago esto para aprovecharme de la “situación”, hace rato que te observo, porqué crees que te preguntaba por las noches si te podía ir a dejar?
Daniela quería salir corriendo, varias veces lo había encontrado observándola, quedándose más tiempo en el gimnasio, mientras ella terminaba su rutina. Fueron al ascensor, Daniela se sentía confundida, por un lado feliz por lo sucedido, pero por otro no, …, y nuevamente la confusión, porqué lo detuvo?,…pero también aliviada de que tuvo autocontrol…AHHHH!!!!!! ¡Que confusión! - pensaba.
Apoyada en el ascensor y mirando el suelo, Alberto se para frente a ella
- Qué te pasa?... y disculpa por lo que paso, no debió!-
- ¡Ok, no es nada…son cosas mías! –
Caminaron al auto, Alberto le abrió la puerta, pero la cerró antes de que Daniela pudiera entrar, ella lo miró asombrada, él tomó su cara con ambas manos, y la besó profundamente, ella respondió de la misma forma, la tomó por la cintura y la apretó con fuerza hacia él, subieron nuevamente, Daniela recordó que Alberto dijo que pesaba casi 100 kilos, imaginó que no sería tan malo sentirse un poco “presionada”. Entraron al departamento besándose, se sentaron en el sillón, Daniela sobre él, la respiración de ambos estaba agitada, las manos de Alberto recorrían la espalda de ella, mientras besaba su cuello, las manos de ella bajo la polera de él, su piel era suave y firme, también sentía el sudor en su piel. Mientras se besaban tomó las piernas de ella, las apretó alrededor de su cintura, obligándola a afirmarse a su cuello, la llevó a la habitación, la sentó sobre la cama y me sacó la polera. Daniela lo apartó y le dijo
-¡Necesito una ducha, siento que apesto!
Él se rió y le contestó - ¡no apestas, así me encanta, pero si quieres yo te acompaño!
Entraron juntos a la ducha, el agua tibia corría entre ambos, Alberto recorría el cuerpo de ella con sus manos, mientras sus labios bajaban por su cuello, seguía por sus hombros, sus senos, su vientre, hasta llegar a su entrepierna, Alberto se arrodilló ante Daniela, ella lo miró entre las gotas de agua, él la seguía mirando mientras se acercaba a su vulva, pasó su lengua sobre el clítoris con los ojos clavados en ella, quería ver su expresión, Daniela se estremeció, tomó la cabeza de Alberto con ambas manos, él volvió a lamerla, y siguió, metió sus dedos lentamente mientras lamía su clítoris, separó las piernas de Daniela un poco más, mientras hundía su cabeza en ella, lamiendo con más intensidad, Daniela sintió un escalofrío que salía desde su clítoris, avanzaba por su vientre y se extendía por todo su cuerpo, como pudo se afirmó en las paredes de la ducha. Alberto seguía mirándola, Daniela cortó el agua de la ducha, él la tomó en brazos y la llevó a la habitación, ella se montó sobre Alberto besándolo profundamente, bajó por su pecho, su cintura, hasta llegar a su entrepierna tomó su miembro con una mano mientras se lo llevaba a la boca, con la otra acariciaba sus testículos, él jadeaba, mientras sus manos estrujaban las sábanas, Daniela introducía lentamente, pero de forma intensa el pene de Alberto en su boca y eso lo estaba llevando al orgasmo, ella se detuvo, se sentó sobre él, y lo introdujo dentro de su vagina lentamente, empezó a moverse lento mientras lo miraba, en un movimiento rápido él quedó arriba de ella, la colocó de espaldas, separó sus piernas, pasó la lengua por su vulva una y otra vez, le levantó las caderas y la penetró, lentamente, luego rápido, dando embestidas bruscas, se apoyó sobre la espalda de ella, los dos se movían en la misma dirección, mientras con una mano acariciaba el clítoris de Daniela, con la otra sostenía el cuerpo de ambos. Daniela le pidió que se detuviera.
-Quiero verte- le dijo
Él se acostó sobre ella, en ese momento ella se acordó que pesaba casi 100 kilos, y se sintió muy cómoda con esa “presión”, él tomó su mentón y empezó a besarla bruscamente, mientras la penetraba, tomó ambas muñecas de Daniela y las llevó sobre su cabeza, la quería a su disposición, ella envolvió las caderas de Alberto con sus piernas para que se sintiera más profundo, él se seguía moviendo rápido, se sentía más apretado, Daniela sentía que llegaba al orgasmo otra vez y se lo dijo, él empezó a moverse más lento sin detenerse, ella empezó a sentir un calor que salía de sus caderas y se extendía lentamente por todo su cuerpo, dejaba su mente en blanco, cuando volvió en sí, Alberto le dijo “Ahora yo”, empezó a moverse más rápido mientras jadeaba, Daniela lo apretó aún más con sus piernas, él lanzó un largo suspiro mientras su cuerpo se estremecía. Se dejó caer sobre Daniela al tiempo que la besaba con la respiración entrecortada.

- ¡Te llevo a tu casa, es un poco tarde, no crees?
- ¡No gracias, no te preocupes, me voy con mi amiga !-le respondió Daniela, mintiéndole, mientras su corazón aceleraba.
Alberto la miró decepcionado y se fue.